Hay un consejo que se repite mucho en el mundo profesional: tienes que hacer networking. Ir a eventos, ampliar tu red, conectar con personas de tu sector.

Por supuesto que construir relaciones profesionales siempre es buena idea, el problema es más bien el modelo. El networking tradicional estaba diseñado para un mundo donde la visibilidad dependía de estar físicamente presente en los lugares correctos, conocer a las personas correctas en el momento correcto. Un mundo donde la información sobre quién era bueno en qué circulaba de forma lenta y la red de contactos era el filtro principal.

Ese mundo ya no existe del todo. Y sin embargo seguimos aplicando la misma lógica, ahora trasladada a plataformas digitales que han convertido el networking en algo todavía más performativo y todavía menos útil.

LinkedIn merece un párrafo aparte porque se ha convertido en el ejemplo más claro de lo que ocurre cuando el networking pierde el poco contenido que tenía y se queda solo con la forma.

La plataforma lleva años en una deriva que personalmente me genera mucho rechazo: posts que son anécdotas personales inventadas por ChatGPT disfrazadas de lección de liderazgo, logros presentados con una humildad tan calculada que acaban resultando irritantes… Todo ello ha creado un entorno donde parecer importa mucho más que ser.

  • El networking de LinkedIn premia solo a quien sabe optimizar sus historietas para el algoritmo y domina jugar al juego de esa red social, al margen de su competencia real.

  • El networking clásico favorece a quienes disfrutan de la socialización estratégica, a quienes tienen tiempo para eventos y cenas, a quienes se sienten cómodos vendiéndose en conversaciones informales. Premia la extroversión y la disponibilidad.

¿Qué alternativas hay a ambos?

La pregunta aquí es cómo hacerlo sin convertirte en alguien que no reconoces.

La alternativa al networking es el posicionamiento.

El objetivo del posicionamiento estratégico es que la gente te conozca por cómo piensas, no por cuánto apareces. Que cuando alguien tiene un problema concreto en tu área, se acuerde de ti. No porque hayas estado en el evento de turno, sino porque en algún momento dijiste algo que le hizo pensar, resolviste algo que nadie más había resuelto, o tomaste una posición cuando era más fácil no tomarla.

Eso se construye teniendo algo real que decir y diciéndolo en los lugares donde importa.

Más que el tamaño de tu red, lo que importa es la densidad de tu reputación dentro de ella.

¿Cómo empezar a hacerlo?

  • Escribe y habla sobre lo que ya sabes, no sobre lo que quieres parecer que sabes. Elige un ángulo concreto, un problema que conoces bien, una perspectiva que nadie más está articulando, y desarrolla criterio ahí. Hace falta consistencia y un punto de vista propio.

  • Contribuye antes de pedir. La lógica del networking tradicional es transaccional: me presento, me vendo, espero algo a cambio. El posicionamiento funciona al revés: primero das algo útil, una perspectiva, una conexión, un recurso, sin esperar nada inmediato. Eso construye un tipo de deuda social diferente, menos incómoda y más duradera.

  • Cuida las relaciones que ya tienes antes de buscar nuevas. La mayoría de las oportunidades profesionales reales no vienen de desconocidos. Reavivar relaciones profesionales con las que has perdido el contacto con algo concreto puede ser más eficiente que cualquier evento de networking.

  • Sé la persona que tiene opinión. En reuniones, en conversaciones de equipo, en tu sector, posiciona tu opinión fundamentada sobre lo que conoces. Es más probable que te recuerden.

El networking no está muerto. Pero el networking como performance, como obligación, como colección de contactos que no se traducen en nada real, no te lleva a ningún sitio interesante.

Nos vemos la próxima semana

Verónica

- AntiBurnoutLab

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